
Relato: La punta negra del dedo gordo del pie
@vickaboleyn
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Imagen editada con Canva. Fuente de la imagen: Pexels
El golpe fue duro. Eso fue lo primero que le dijeron a Aurelia cuando notó que la punta del dedo gordo del pie de su abuela Tamara estaba negro.
El incidente fue en una casa que su abuela y una tía habían ido a ver, pues en unos meses se mudarían.
Aurelia le había dicho a su abuela que era necesario que viera a un médico. Tamara desestimó la idea, aunque reconoció que le dedo solo le dolía cuando lo tocaba.
Algunos parientes y amistades decían que era falta de coagulación, aunque otros le urgían a Aurelia que llevara de inmediato a su abuela al médico, pues ese color podría indicar diabetes. Aurelia misma se había acordado de un artista que falleció a causa del dedo negro de su pie, el cual recibió un golpe bastante feo y se había roto.
En el transcurso de la semana estuvo insistiendo a su abuela en que acudieran al médico. Fue tal la insistencia que la anciana cedió; no obstante, Tamara le pidió que le tomara una foto del dedo y lo llevara al centro de salud para ver si acudían primero a urgencias o debía consultar con el médico. Cuando la joven llegó al centro médico y mostró la foto, la enfermera le dijo que primero debía consultar, pues ese dedo podría indicar diabetes; así mismo, debieron llevar a su abuela a urgencias en ese instante, tal y como Aurelia dedujo el mismo día del accidente.
Ahora estaban allá, esperando su turno desde las dos de la tarde. Esperaron tres horas en la unifila, esperando a que se desocupara al menos una cita para que la abuela pudiera consultar. Cuando le llegó su turno de ser atendidas, el médico las canalizó a la zona de urgencias; el dedo ya presentaba necrosis, y requería su extirpación.
Aurelia sintió una mezcla de culpabilidad y molestia. Debió insistir más, debió llevar a rastras a su abuela... Y sus parientes debieron, al menos, ayudarla a convencer a la anciana de que ese color no era normal. Si bien podía entender que ir a consulta en el seguro social era toda una odisea y que el médico no siempre estaba disponible, tampoco podían darse el lujo de ir a consulta particular, pues no tenían suficiente dinero.
De forma presurosa llegaron a casa, explicó a sus familiares que la abuela debía ir a urgencias a atender aquella necrosis. Una de sus tías se ofreció a llevarla, mientras Aurelia almorzaba, descansaba y se daba un baño.
Por supuesto, no faltaron los enfrentamientos por cosas absurdas entre sus tías y su madre. Enfrentamientos por cosas hasta muy absurdas.
Cerró los ojos un momento mientras sentía el agua caer en la cabeza. Su mente estaba centrada en el teléfono, en los mensajes que recibía de su tía. Rezó con que aquello fuera solo una hematoma mal cuidada, que fuera un dedo roto que requería reposo.
La información llegaba a cuenta gotas. Para las 8 de la noche, el médico de guardia no había llegado, y había mucha gente esperando. Cuarenta minutos después, el galeno llegó y su abuela pasó primero. Para su alivio, el médico determinó, tras examinar los estudios de rayos equis y el dedo gordo, que aquello no era necrosis, sino un hematoma que requeriría tiempo para desaparecer.
Sin embargo, Aurelia no quiso cantar victoria; ese dedo se vigilaría. Si pasaba el mes y la cosa no mejoraba, buscaría una segunda opinión en la iniciativa privada una vez que tuvieran dinero.
Pero mientras tanto, ella esperaría.
