
El entrenamiento de Mateo
Ese martes 2 de abril, a Mateo se le ocurrió una idea fija: necesitaba llegar a los 10 kilómetros. No era corredor profesional, ni mucho menos; de hecho, sus zapatillas tenían más polvo de estante que de asfalto, pero Buenos Aires estaba con ese clima ideal que te empuja a salir.

Empezó por Flores, caminando con paso firme, tratando de que el ritmo no bajara de los 7 km/h. Al principio, el ruido de los colectivos y el movimiento del barrio lo mantenían distraído. Bajó por las calles laterales, esquivando baldosas flojas, hasta que se encontró bordeando la zona de Parque Chacabuco.
Ahí fue cuando las piernas empezaron a pasar factura. Miró el reloj: llevaba apenas 45 minutos. "Falta un montón", pensó. Pero en lugar de dar la vuelta, decidió seguir un poco más hacia Caballito. En ese tramo recto, donde el mapa muestra esa línea verde bien marcada, Mateo dejó de pensar en el trabajo y en las deudas. Se concentró solo en la respiración y en el podcast que ya ni siquiera escuchaba.
Cuando el GPS marcó los 10.02 km, justo antes de volver al punto de partida, se detuvo en seco. Estaba chivado, con los gemelos tirantes y el corazón a mil. Miró la pantalla: 870 calorías menos y una hora y veinte de caminata intensa.
Se sentó en un umbral cualquiera, sintiendo el aire fresco de la tarde. No había ganado ninguna medalla, pero mientras guardaba el celular, Mateo sonrió. Por primera vez en la semana, el ruido en su cabeza se había quedado mudo, perdido en algún lugar entre las calles de Caballito y el empedrado de Flores.
Detalles de la jornada:
- Distancia: 10.02 km (¡Meta cumplida!)
- Tiempo: 1:20:09
- Esfuerzo: 870 kcal quemadas (el equivalente a un buen permitido después de caminar).
- Ritmo: 07'59" el kilómetro.
**Foto(s) tomada(s) con mi smartphone Samsung Galaxy S22 Ultra.**

