
Entrada al Concurso "El tesoro de las palabras" | El Jardín de los Sentimientos
Dedicatoria
A mi familia y amigos
En esta publicación les dejo tres décimas que son un espejo y un puente: reflejan los sentimientos que nos unen y tiende lazos entre lo íntimo y lo eterno.
Que cada palabra aquí escrita sea un abrazo que perdura, una memoria que florece, y una música que nos recuerda que el corazón, aun en sus sombras, late siempre con esperanza.

La palabra elegida es Sentimientos
Alegría: Estado de ánimo placentero y optimista. Luz que danza en los ojos, canto del alma.
Amor: Afecto profundo hacia alguien o algo. Fuego que arde sin consumirse, raíz de toda esperanza. La manera de decir mundo en cuatro letras.
Ansiedad: Inquietud y nerviosismo ante lo incierto. Relámpago que no cesa, mar agitado en el pecho.
Compasión: Empatía hacia el sufrimiento ajeno. Mano que acaricia la herida, puente hacia el otro.
Complicidad: Unión íntima y secreta entre personas. Mirada que dice todo, silencio compartido.
Confianza: Seguridad en alguien o algo. Puente que une dos orillas, raíz que sostiene.
Deseo: Aspiración o anhelo de algo. Flecha que apunta al horizonte, hambre de infinito.
Dolor: Sensación física o emocional de sufrimiento. Espina que sangra en silencio, herida que enseña.
Euforia: Alegría desbordante y exaltada. Torbellino de risas, viento que levanta alas.
Esperanza: Confianza en que algo sucederá. Faro que guía en la tormenta, semilla que germina.
Gozo: Placer intenso y satisfacción. Risa que estalla como río, júbilo que desborda.
Gratitud: Reconocimiento por un bien recibido. Flor que se abre al sol, canto que devuelve luz.

Ilusión: Esperanza que anima y motiva. Cristal que refleja futuros, sueño que sonríe.
Melancolía: Tristeza suave y contemplativa. Bruma que cubre el recuerdo, música del ocaso.
Miedo: Sensación de amenaza o peligro. Sombra que acecha en la noche, temblor del alma.
Nostalgia: Pena por la ausencia de algo querido. Eco de un abrazo perdido, perfume del ayer.
Orgullo: Satisfacción por lo propio o cercano. Árbol que se yergue firme, raíz que no se quiebra.
Pasión: Emoción intensa y desbordante. Incendio que consume la piel, volcán del deseo.
Plenitud: Estado de satisfacción total. Horizonte abierto y completo, abrazo del universo.
Resentimiento: Rencor por una ofensa pasada. Piedra guardada en el alma, río que no fluye.
Resiliencia: Capacidad de superar la adversidad. Árbol que reverdece tras la tormenta, fuerza que renace.
Serenidad: Estado de calma y paz interior. Lago inmóvil bajo la luna, silencio que abraza.
Soledad: Estado de estar sin compañía. Isla en medio del tiempo, espejo que habla.
Ternura: Cariño delicado y afectuoso. Caricia que se posa suave, susurro de estrellas.
Tristeza: Sentimiento de pesar o melancolía. Lluvia que moja el corazón, sombra que acaricia.
Para concluir, quiero dejarles tres décimas tituladas “El Jardín de los Sentimientos” que resumen los sentimientos evocados en la publicación y espero que sean de su agrado.

“El Jardín de los Sentimientos”
En la raíz del querer, nacen ternura y pasión, la esperanza es canción que florece al renacer. La tristeza puede ser un río que nunca calla, pero el amor siempre estalla como luz en la penumbra, y aunque la sombra deslumbra, la gratitud nunca falla.
La nostalgia es un reflejo, la ilusión un horizonte, la confianza es un monte que sostiene al alma en seco. El orgullo alza su techo, la compasión abre puertas, y aunque las penas sean ciertas la resiliencia florece, como un sol que permanece cuando las noches son muertas.
Soledad, miedo y dolor se mezclan con la alegría, la euforia es melodía que se eleva con fervor. La plenitud da calor, la complicidad se enciende, y el deseo nunca entiende de límites ni fronteras, pues la vida siempre espera que el corazón se defiende.
Un comentario final
Los sentimientos son la raíz invisible que sostiene la vida. En ellos se entrelazan la ternura, la memoria y la esperanza, dando sentido a cada gesto y a cada palabra. Son fuerza que nos impulsa y fragilidad que nos humaniza; puente entre lo íntimo y lo universal. Sin sentimientos, el mundo sería un paisaje vacío, carente de resonancia. Con ellos, cada instante se convierte en huella, cada encuentro en legado. Reconocer su valor es aceptar que la verdadera riqueza no se mide en posesiones, sino en la intensidad con que amamos, compartimos y recordamos.
Nota: Utilicé el traductor DeepL Translate. Las imágenes son de mi propiedad.
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